Artículos, Espiritualidad de la Diosa

Memoria y Olvido de la Diosa

¿Quién es la Diosa? Mucha gente se me acerca con esa pregunta. La verdad es una pregunta que es difícil de responder. Es difícil de responder porque en los últimos dos mil años occidente ha carecido de un referente de la Diosa que no sea extrangero o antiguo. Sí, en los últimos dos mil años para hablar de Diosa, tenemos que hablar de alguna divinidad de la lejana India como Kali o Durga o sinó hablar de alguna divinidad antigua cuyo culto quedó en la historia como el de Isis o Hékate. Es por esto que hoy es tan difícil hablar de la Diosa, occidente no tiene un referente directo. La espiritualidad de la Diosa ha tenido que experimentar, recrear y reinventar, mirar para el lado y para atrás, y cuando me preguntan quién es la Diosa, a veces siento que miro para el lado o para atrás. Cuando digo que es cómo Dios pero femenina, la respuesta inmediata es decir que Dios no tiene género. Entonces digo, que a Dios le llaman Padre y yo a la Diosa, la llamo Madre. Entonces aparece el tercer referente para entender quién es la Diosa, que somos nosotras mismas como mujeres en la actualidad, cómo madres e hijas y es el motivo por el cual la Diosa se ha redefinido y se sigue redefiniendo. En occidente la espiritualidad de la Diosa viene a llenar un vacío, una laguna mental, un tremendo olvido colectivo que no sabemos de dónde viene ni cuanto espacio abarca en la psique, en el alma mundis.

Astarte Syriaca, Dante Rosetti
Astarte Syriaca, Dante Rosetti

Me imagino que si estuvieramos en el siglo II hablar de la Diosa, sería algo pasado de moda. Algo retrógrado. Algo que sólo queda en el colectivo de la “gente de campo”, de los paganos, catalogados de ignorantes, analfabetos. Por qué no algo de lo que no se puede hablar. Un tabú vinculado a tiempos irracionales en que los seres humanos creían que convivíamos con unos seres superiores que parecían humanos que tenían virtudes defectos, que se amaban y odiaban. Tiempos de un supuesto politeísmo en que cada grupo o nación tenía Dioses diferentes, con muchos nombres, cualidades y gustos. Me imagino que el cristianismo con su símbolo del pez (símbolo vinculado a las antiguas diosas fenicias del mar) no sólo fue impuesto por la fuerza, sinó también con el esfuerzo de la prédica y la evangelización. Quiero pensar que algo ocurrió en la psiquis del colectivo que nos hizo volcarnos a esta nueva forma de ver el mundo invisible. Jesús, cómo el nuevo Mitra, se impuso ante los misterios, también nacido de una virgen. Los nacimientos vírgenes eran algo valorado y buscado en la grecia antigua, cómo un nacimiento divino de alguien que cambiaría el mundo, por ende no es de extrañar que en ese contexto Jesús tendría que nacer de una virgen para generar el impacto que tuvo *.

Sé que muchos me dirán que el cristianismo fue simplemente impuesto por la fuerza de la espada y que no hay nada más que decir al respecto. Que el dios cristiano es un dios del imperialismo romano, que sirvió para unir las regiones del imperio romano, luego el reinado de España y así sucesivamente, colonizando África y América. Que tenemos como precedente el D-s de los hebreos, un D-s del exilio, que sirvió para unir a las comunidades nómades, antes pastoriles, que ante el avance de la agricultura quedaron en la esclavitud o en lugares donde predominaban otras creencias y culturas, y que hasta el día de hoy une personas que habitan en distintos lugares del globo.

Pero imaginemos por un momento que nada de esto es cierto. Imaginemos que el ser humano se vio en una encrucijada y se encontró con la necesidad de elegir entre este mundo lleno de dioses, diosas, semidioses y titanes con genealogías y largas historias familiares de batallas, amor, errores, aciertos y tragedias, y otro mundo con un dios y un hijo divino encarnado nacido de una virgen humana que se sacrifica para salvarnos a todos.

Qué pasó? Qué nos desilusionó tanto de los dioses que necesitamos ese apocalipsis de los dioses y esta “nueva era”? Me lo pregunto sobre todo cuando ahora se escucha hablar de una “nueva era”. ¿Estamos siquiera cerca de un cambio tan grande como el que ocurrió en los alrededores del año 0?

Volviendo al ejercicio que estoy planteando, imaginense la Europa pre-cristiana, donde diosas como Isis, Cibeles, Minerva rigen y protegen grandes ciudades , hogares y puertos, el culto a muchas de estas diosas se extendió además con el imperialismo romano. Religiones mistéricas como el mitraísmo también se extendieron a lugares lejanos. Diosas y Dioses de cada región además convivían y se sincretizaban. Así es como Minerva se encuentra con Sulis, Thor con Júpiter, y así sucesivamente. Dioses celtas, nórdicos, eslavos, tracios, helénicos, fenicios conviven de alguna forma a veces pacíficamente otras veces no. Dependiendo del lugar donde nacimos probablemente tendríamos afinidad con una Diosa o Dios o con muchos de ellos.

Pero sigamos recordando en este ejercicio imaginario. Tenemos una serie de Dioses y Diosas, con largas historias familiares, con tragedias, traiciones, alegrías, placeres y manjares. Osiris muere cada noche a manos de su hermano Set y es reconstituído por Isis. Deméter y Perséfone se separan cada Otoño en un duelo para la Gran Madre. Arianrhod maldice varias veces a su hijo Lleu. Rhiannon es exiliada y culpada de matar a su propio hijo.

Ascención de la Virgen  S XV Michel Sittow
Ascención de la Virgen
S XV
Michel Sittow

Y por otro lado el Dios cristiano es perfecto, no tiene padre ni madre, principio ni fin, no tiene otros dioses con quien disputarse, ni historias de conflictos con otros pares. Su mayor enemigo es una ángel caído, una especie de oveja descarriada de entre sus sirvientes con mucho menos poder que él. El poder de él se basa en las debilidades del humano y no de Dios. Sin embargo tiene un hijo, un avatar, que encarna y se sacrifica para salvar a la humanidad. ¿Salvarla de qué? Del sufrimiento. Del sufrimiento de los ciclos y los cambios. Desde el nacimiento y muerte de Jesús el mundo y el tiempo se detiene. Ya no tenemos que padecer estos ciclos de las estaciones, estos duelos y dolores. Jesús como Inanna desciende a los infiernos, para que ninguno de nosotros tenga que descender nunca más. Muere y resucita para que tengamos vida eterna y no tengamos que lidiar con la muerte ni reencarnar y recordar dolores anteriores. Además nos perdona absolutamente todo. Nos ha salvado. Nos ha salvado de estos dioses emocionales, que sienten que se quiebran, que se enojan, que sienten furia, que se alegran, que seducen, que aman apasionadamente. Nos ha salvado de ese cuerpo que nos hace sufrir, de esas emociones que nos hacen padecer, de esa irracionalidad de amar y odiar. Nos perdona cada vez que odiamos por hacerlo.

Y sin embargo la Diosa regresa, mientras el inframundo siguió ahí acumulando historias enterradas por generaciones de ancestros y ancestras, de karmas y relaciones, algunos y algunas, dejando de lado los tabúes y prohibiciones, decidimos descender y ver qué encontramos, qué fue lo que Jesús fue a dejar a los infiernos en esos tres días que era tan importante enterrar en ese momento de la humanidad. Cómo es que la Diosa Madre prefirió convertirse en mujer de carne y hueso, dejar de ser la Madre de Dios y convertirse en humana.

Hay una carta del Tarot muy bella que tiene relación con la escatólogía, el apocalípsis, y los momentos de renovación. Es el juicio. Qué pasa si desenterramos a nuestros ancestros y ancestras y revivimos el culto a la Diosa. Qué pasa si aquellas almas que sirvieron en los antiguos templos son llamadas de nuevo? Qué pasa si escuchamos la música celestial que desde las Estrellas nos llama a reconstruir desde las entrañas de la tierra un culto que estaba olvidado. Quiénes escuchamos ese llamado y porqué? Cual es nuestro apocalípsis personal, nuestra necesidad de rehacernos? Cómo podemos desenterrar lo que enterramos en la infancia, adolescencia, y adultez sin siquiera darnos cuenta?

Este desenterrar de cada uno, de cada alma, de cada psique, va reconstituyendo una imagen de la Diosa actual, se va alimentando con la otredad que encontramos en las Diosas de otras culturas, y se nutre de la historia y el recuerdo de las Diosas de la Antigüedad. La Diosa está tan enterrada en la Psique de la mayoría que ya mencionarla descubre la laguna mental con la que tenemos que lidiar. El lago de la conciencia que tenemos que mover con las gotas de lluvia para poder acceder a lo que está en el fondo. La Dama del Lago, guarda las memorias, cruzando el lago llegamos a Avalon, la Tierra donde la Diosa vive en cada color, en cada aroma, en cada emoción de dolor y placer. Para nuestra generación la Diosa es fundamentalmente algo que hemos olvidado y que necesitamos recordar cuando la vida nos enfrenta a un apocalipsis del alma, a una redención y reivindicación. Es una apocalipsis presente, que nos lleva a hacer cambios en el ahora, en la tierra, y no la esperanza de una salvación externa que venga a rescatarnos. Cada Alma rescata dentro de si misma a la Diosa y si este proceso se repite, si es que es capaz de permanecer y caminar sobre la Tierra, en las próximas generaciones veremos cómo convive la Diosa, ya no desde el rescate, y podríamos decir que estaríamos ante una nueva era con propiedad.

 

*Marguerite Riglioso, The cult of divine birth in ancient Greece

 

 

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