Artículos, Personal

El devenir de una Sacerdotisa de la Diosa

Luego de mi dedicación como Sacerdotisa de la Diosa a los pies del Tor en Glastonbury, comenzaba una nueva vida para mi, por un lado era el momento de regresar a mi tierra, a mi amado Chile, por otro lado era el momento de ponerse a trabajar, de poner a prueba todo lo que había aprendido.

Ser sacerdotisa ha sido un constante devenir y una constante dedicación. Cuando se toman los votos de compromiso con la Diosa algo cambia en lo más profundo del ser, algo que hace que, de alguna forma, nuestro crecimiento espiritual y aprendizaje se acelere. ¿Hacia donde? No lo sabemos en principio, pero sabemos que es hacia donde podremos manifestar mejor el Sacerdocio y ser una mejor servidora para la o las Diosas que consideremos. Las consecuencias de tomar los votos son múltiples, ya que al ser compromisos tan profundos hechos en el centro del laberinto de nuestra alma, comienzan a actuar por si solos y a modificar nuestra realidad. De alguna forma el vínculo con la Diosa se vuelve tan fuerte, que la vida se transforma en algo como seguir un hilo que va tirando hacia algún lugar, el camino comienza a dibujarse y al haber hecho el compromiso de seguirlo, ya no hay cuestionamientos, sino una enorme confianza en lo que viene. A veces los cambios que trae este devenir no son fáciles. A veces son parte exclusiva de nuestro trabajo como Sacerdotisa y a veces son cambios en el ámbito personal, que nos llevan a tener más libertad, llegar a ser personas más genuinas y auténticas.

Con mis compañeros de entrenamiento
Con mis compañeros de entrenamiento.

Volver a Chile fue un gran desafío, tenía que buscar la forma de expandir la presencia de la Diosa acá y hablar por Ella. Ocupar espacios, hablar y expresarme, lejos del ambiente seguro de la comunidad en Glastonbury. Contrario a lo que muchos podrían pensar, la Diosa no requiere que nos excluyamos del mundo. Por el contrario, a veces nos exige vincularnos al mundo en forma distinta, estudiar algo nuevo, trabajar en algo distinto. Todas las habilidades se conjugan, el Sacerdocio se transforma en una nueva forma de ver el servicio a las demás personas, a la naturaleza, etc. En esta búsqueda de lo genuino a veces tenemos conflictos con un sistema que es irónico y cínico, y como Sacerdotisas de la Diosa, somos responsables muchas veces de dar la cara por aquello que otros callan. Esta cualidad de no tranzar y no dejarse pasar a llevar, tiene que ver con nuestra misión activista en la sociedad y también con la dignidad que defendemos que los seres humanos debemos reclamar.

Un entrenamiento espiritual produce cambios físicos en el cuerpo, lo hace de una forma más resistente a algunas cosas, y también más sensible a otras. Mi entrenamiento fue acompañado de mi trabajo en terreno en una institución de conservación del medio ambiente, me acostumbré a trabajar bajo el frío, la lluvia, el viento, a veces en invierno bajo cero grados y otras veces en verano bajo la tupida lluvia del clima de la isla. La motivación mía de hacer este trabajo era estar más cerca de la tierra y conocerla en una forma mucho más directa, además de mejorar mi condición y resistencia física. Pero en suma luego del entrenamiento mi cuerpo se ha vuelto mucho más sensible a las corrientes energéticas, todas las sensaciones se agudizan y por ende se vive en un estado de asombro y perplejidad que a veces resulta abrumador. Como resultado soy muy sensible a la luz, los sonidos, los olores, también tengo muchas sensaciones de corriente durante mis prácticas o fuera de ellas. Esto sin duda hace que uno requiera más descanso, el sistema nervioso, al estar tan despierto se agota mucho más. Por otro lado, dolores y otras dolencias se vuelven más tenues, en la medida que uno está más consiente de ellos y puede actuar con más rapidez.

Dedicación como Sacerdotisa
El día después de mi dedicación como Sacerdotisa de la Diosa.

Del punto de vista emocional, como Sacerdotisa tengo el deber de hacerme cargo de lo que siento, de mirarlo y darle espacio para expresarse. Sin embargo también necesito ser capaz de reconocer que estas emociones que son muy reales, son sólo una parte de mi y que en el fondo, potencialmente, todas existen en  esta memoria profunda de la conciencia. Lo que quiero decir con esto, es que nos hacemos consientes de que sentirse bien o mal es natural, no es algo de lo que haya que huir y que podemos entrar y salir de distintos estados de ánimo haciendo diferentes actividades. Esto es algo que ocurre con frecuencia en el ritual, entramos en un cierto estado de ánimo que no era visible en la actividad cotidiana y nos vamos haciendo consientes de a poco de aquello que sentimos y que a veces no atendemos.

Psicológicamente el cambio es claro, porque una Sacerdotisa de la Diosa, no habita en una realidad totalmente convencional. Accedemos a explorar la fantasía como real, y eso nos permite interpretar la realidad en un sentido simbólico, acceder a nuestro subconsciente en forma permanente. Esta apertura a lo fantástico, a las visiones de la mente, a las ilusiones, y a otros mundos, generalmente son reprimidas por nuestra psiquis, permitirles emerger requiere de un ambiente seguro, ambiente mental del cual somos responsables, ya sea que estemos practicando nuestra propia visión o ya sea que queramos abrir el mundo psíquico de otras personas. Para esto muchas veces sirve tener el apoyo de una psicóloga o terapeuta y es frecuente que muchas lo necesiten como apoyo a la experiencia.

El Tor-Glastonbury
El Tor, Glastonbury.

Los cambios sociales también son notorios. Nuestra tradición enfatiza la presencia pública de Sacerdotisas, el rol de activista y la apertura hacia los demás de lo que hacemos. Esto nos expone al escrutinio y juicio de las demás personas, hace que tengamos que enfrentar situaciones en que podemos ser discriminadas o en que se puede hacer burla de nosotros. Afortunadamente estas situaciones, no son frecuentes en el mundo occidental, es más bien el temor que tenemos a ellas que es fuerte. En mi caso, quise adoptar el tatuaje de la media luna en la frente como símbolo de mi dedicación, este a veces asusta a las personas y soy consiente de que en ciertos ambientes de trabajo, por ejemplo, no es bienvenido. Esto me obliga a cubrirlo, sin embargo lo tomo como cualquier otra obligación en cuanto a la formalidad y el vestuario, no como algo vergonzoso. Por un lado el rol de Sacerdotisas nos da una sensación de estatus, pero como señalo, puede tener una doble faz, y es mi propia responsabilidad no dejarme pasar a llevar en ciertas situaciones, ya que el acto de reclamar el rol del sacerdocio a la Diosa ante la sociedad es uno de los objetivos de este sendero.

Las Sacerdotisas de la Diosa pretenden cambiar la realidad a nuestro alrededor en forma apreciable, “Ella cambia todo lo que toca” y ese cambio debe manifestarse en forma visible para todos quienes deseen acercarse a Ella y las Sacerdotisas trabajamos incansablemente para ellos. Tengo la responsabilidad de que así sea, de reunir a quienes sientan el llamado y de acogerlos para que sepan que no son los únicos, que esta memoria de celebrar a la Diosa es algo que muchas personas llevan dentro y que tenemos la libertad y el derecho de explorarlo.

Ser Sacerdotisa de la Diosa es sin duda el compromiso más grande que he tomado en la vida, y seguirlo ha sido un enorme desafío, me ha hecho viajar, estudiar, compartir, aprender, también llorar, temer y sentirme vulnerable. Es simplemente una forma de vida y tiene todos los matices que esta puede tener, con momentos oscuros y brillantes, con alegrías y dolores. No vivo en un mundo fantástico ni perfecto, creo vivir en el mismo mundo que todos los demás, es la forma de relacionarme con este entorno la que ha cambiado. Ser Sacerdotisa es un vínculo y es un rendirse, dejar de ir contra la corriente, hacia donde dejamos de ser auténticos, y en cambio fluir con la guía de la Diosa hacia el ser genuino.

Susana Aguilar

Sacerdotisa de la Diosa

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